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Lo primero es una buena mochila. No escatimes en ello o te puede pasar factura. Una ergonómica y resistente, que cuide bien tu espalda y tus bienes. Con ella necesitarás también otra mochila más pequeña, porque no siempre vas a andar con todo tu equipaje encima.
Una buena mochila es más cómoda, más resistente, y te sirve como apoyo para descansar.
Y lo segundo es buen calzado: unas botas de montaña resistentes para los días y caminos duros, que soporten el agua sin inmutarse; unas zapatillas ligeras, transpirables y con buena suela, preferiblemente de trecking; y por último unas chanclas abiertas para airear y descansar los pies en las escalas, y para los eventuales baños que puedan surgir.
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